Le volvía loco.

Él pensaba que todo lo que podría escribir a partir de ese momento le sería completamente inútil. A diferencia de antes, ahora se sentía lleno o vacío, según como se mire. Antes necesitaba llenar ese vacío vomitando sus sentimientos en formas de palabras escritas, como miles y miles de golpes a un teclado tan negro como todas esas inseguridades que tanto detestaba. De modo que llegó un día que no escribió nada más. “¿Estoy completo?” se preguntó. La respuesta era sencilla: No. No estaba ni lleno ni completo, sin embargo ya no sentía esa misma sensación de vacío que necesitaba ser rellenada. De modo que no estaba ni lleno ni vacío. Siguió así un caluroso verano en el que sentía más cansancio que placer. El verano le volvía loco, estuviera donde estuviera. Ya fuera en la gris ciudad o en un puto sitio deprimente con poca gente. Todas esas cosas a las que siempre se acostumbraba a lo largo del resto del año y que al principio siempre detestaba era lo que hacía que pudiera seguir cuerdo semana tras semana. Ahora le habían quitado esa vida durante unos meses en los que no hacía todo lo que siempre hacía ni veía a las personas que siempre veía. Eso último le volvía loco.

Se olvidó de escribir y la echó de menos.

Una respuesta to “Le volvía loco.”

  1. Eso es lo que se dice, tener un mal día.

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