Antes era un pequeño bastardo

Antes de ser todo aquello en lo que se convirtió, fue un simple niño sin conocimiento. Un niñito idiota e inocente. Fue un criajo mucho antes de ser un imbécil gilipollas que se fumaba un cigarro a las dos de la madrugada todos los domingos preguntándose si ese lunes iba a ser tan malo como el de la semana pasada. Era un enano antes de volverse un adolescente – palabra que él siempre ignoró – nervioso, confundido y descontrolado. Le dejaron suelto y el muy capullo montó un huracán más de una vez. Tuvo muchos problemas en esos años en los que todos parecían el mismo año. Antes de empezar a jugar de manera patética al fútbol con sus otros amiguitos subnormales y soplapollas, era un pequeño niñito que sentado en el duro suelo del recreo se fijo por primera vez en una niña realmente bella la cual nunca le hizo el caso que el pequeño encoñado hubiera querido. Era la chica más guapa de su clase y también la más guapa del colegio. Él siempre la molestaba para acercarse a ella. Era una niña tan bella que hasta a los padres aburridos, depravados y con una vida monótona se les ponía algo dura al verla sonreír y pensar lo chupona que iba a ser cuando creciera. Él realmente despertó debido a la belleza de esa críaja caprichosa… el muy cabroncete tuvo sus primeras depresiones debido a una carencia afectiva. Eso fue el desencadenante de muchos de sus problemas e inseguridades para el futuro.

El crío jugaba a hacer carreras de coches de juguete por la arena del parque mucho antes de empezar a masturbarse pensando en grandes actrices de películas de calidad mediocre, en grandes actrices de películas porno, en las grandes tetas de algunas de las amigas de su hermana y en un largo etcétera de fantasías sexuales. No muchos años más tarde estaba el muy imbécil vomitando en la puerta de un asqueroso bar infectado por los gritos de gente deleznable, auténticos borregos y de inteligencia dudosa. Unos cuantos años después de que el canijo acompañara a su madre a hacer la compra en ese supermercado del barrio iluminado por la luz blanca de los fluorescentes, empezó a dejar de ver a los amigos con los que se había criado, esos otros cuatro deformes tan idiotas como él. El tiempo enfría las cosas y conforme vas siendo consciente de más cosas más interesado te vuelves, haces una reflexión automática y casi inconsciente y dices a esos capullos: “vuestro juego me aburre y no creo que me vaya a divertir mucho más estando aquí, así qué que os jodan y espero que lleguéis a ser tan inteligentes como para hacer lo que estoy haciendo”. Puso un colador gigante en el instituto, en su casa, en la piscina, en el pueblo y en todos esos lugares por los que el gilipollas pasaba y todas las personas que estaban en esos sitios pasaron por ese colador y los desgraciados que consiguieron salir de ahí fueron los que él llamó “el resto”. “El resto” era la gente que compartieron parte su vida con parte de la vida de este cobarde bastardo. “El resto” era su familia y sus amigos, algunos sacados del instituto, otros de la piscina de verano, y otros de un origen desconocido para el joven gamberro. Era el típico chico que tenía amigos y no amigas, que nunca sabía muy bien que hablar con una chica y que cuando se acercaba a ellas lo único que hacía era molestarlas… Era el típico que escuchaba el comentario de sus compañeras de clase acerca de lo bueno que estaba un chulo imbécil sin cerebro, con mucha fachada y pocos huevos. Mientras a ellas se les mojaba su joven y traicionero coño, él estaba delante escuchando sus risas y sus comentarios, como si él no estuviera ahí escuchando lo bueno que estaba un chulito el cual un día recibió un puñetazo de su alcohólico padre a los siete años delante de la puerta del colegio un jueves a las dos del mediodía. El joven imbécil no estaba considerado por las chicas como un chico, simplemente era un ignorado indeseable más, complemento del pupitre de clase o elemento decorativo de la ventana.

Alrededor de la vida de ese joven cobarde comenzó a crecer una jungla salvaje. Una jungla presente en la ciudad, con sus avenidas en las que el veneno de los coches infecta todo el aire y los edificios están llenos de tiendas de ropa, de música y cines por aquel entonces baratos. Una jungla en la que el más débil iba marcando su patético y mediocre destino. Ya habían pasado los suficientes años como para ser consciente de todo lo que le rodeaba y el nivel en el que él estaba situado socialmente. Miró al pasado para intentar evitar un futuro igual de vulgar, construyendo un presente para él siempre incompleto. Quería un futuro diferente, grande y poderoso en el que abundara todo aquello de lo que él carecía… En sus últimos años de su infancia, de su pseudo-inconsciencia estaba junto a varios demonios en una iglesia comulgando y prometiendo su amor y compromiso hacia un desconocido Díos que para él no era mucho más que Indiana Jones o Superman. Pocos meses después de recibir una bicicleta BH, un reloj Lotus e importantes sumas de dinero en una ceremonia demasiado cara para semejante mierda, se olvidó de toda esa basura de La Pasión y demás mensajes… Tardaría bastantes años hasta llegar a su siguiente reflexión espiritual… sería entonces cuando su desarrollo intelectual y creativo llegaría a su clímax, manteniendo ese listón ahí arriba hasta su presente. El problema de que fuera tan consciente de sus actos y su situación era que cuanto más despierto estaba más inconforme se sentía. Necesitaba evasión emborrachándose y hablando, entrado en su adolescencia, con algún otro psicópata en potencia sobre la vida, el futuro, la existencia, el universo, dios, los traumas… Fue a partir de ahí cuando el muy pajillero comenzaría un importante aprendizaje que no se ensañaba en el odioso instituto.

El pobre gilipollas era un inocente y miedoso niñito que se divertía con sus primos en el parque de atracciones gastando el dinero de sus papás antes de ser un chico solitario que se fumaba algún porro esporádicamente en casa de algún amigo y se obsesionaba con la novia del amigo de un amigo. Era un pequeño psicópata con talento para dibujar cualquier cosa que tuviera delante mucho antes ser ese chico que se besó por primera vez con una chica en la puerta de un bar en semana santa mientras los borrachos pasaban delante de ellos. Lo primero que pensó fue: “mira, por fin me estoy besando con una chica” y después “así que esto es lo que se siente… pues se me está poniendo dura”. Tenía que disimular su erección colocándose en una posición considerablemente estúpida. Era un niñito que lloraba cuando tenía que comer lentejas o garbanzos y que se alegraba cuando comía macarrones o pizza antes de ser un autentico desastre estudiando, creciendo en él una vagancia cada vez más característica. Siempre fue un mediocre en el instituto y siempre odió a la gran mayoría, no por ser rebelde, ya que nadie pensaba que él lo fuera, sino porque no soporto que tanta gente no se planteara nada y vivieran dejando pasar los años con tanto conformismo sin mostrar un mínimo de talento. Creció en él un complejo de superioridad que nunca mostraba en el exterior. Al pequeño bastardo le sorprendió conocer a varias chicas que quisieran estar con él… El muy deficiente actuó como el novato que era cuando se metió con una chica en la cama…

Pasaron bastantes años desde que ese niño le daba besitos a su querida mamá hasta que como un animal solitario y asustado tuvo que ser suficientemente fuerte y valiente como para ser racional y ver que tenía que sobrevivir a esa jungla… Tuvo que mirar a sus enemigos – todo – a los ojos. Creció en esa jungla, viendo cine, emborrachándose, escuchando música, peleándose, llorando, follando, deprimiéndose, gritando, deseando… Antes era un niño, inocente, que no había podido corromperse, que el interés, el egoísmo y el miedo aún no habían aparecido realmente… Era un niño con toda una bonita vida por delante… todo el mundo creía que iba a tener una bonita vida por el simple hecho de ser un buen niñito. Era un canijo más revoloteando por un parque infantil ante las miradas de las madres que un día fueron niñas. No tenía por qué diferenciarse de ningún otro, pero cuando los años pasan todos se vuelven diferentes y tienen que sobrevivir – en vez de vivir –  en una vida en la que nadie ve claro el verdadero objetivo. Todo cambia y se deteriora. El muy gilipollas, borracho en la noche apunto de caerse en mitad de la calle vacía dice – Antes de volverme un ser triste, yo era un pequeño bastardo, feliz e inocente – …pero eso era antes.

2 comentarios to “Antes era un pequeño bastardo”

  1. Que cruda realidad, plasmada con acierto y veracidad, con sangre si me permite, con pasión.
    Me gustó el relato.

    Saludos desde el cyber

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