La reflexión con los tres ancianos.

Antes de ver lo que había en aquel sitio yo ya tenía en mi cabeza el recuerdo o la imagen de mi charla pendiente con mi tutor. En esa charla, mi tutor no iba a hablar conmigo sobre como estaba siendo mi evolución en el curso o mi progreso en esta evaluación. De lo que él me iba a hablar era de como me estaba yendo la vida. La vida. Los días, el paso de ellos y como estos van pasando ante mis valores y mis defectos. Seguramente me sentaría en una silla más pequeña que la suya y este hombre (el cual es el tercero que más sabe en tecnología y animación 3D de España) me sacaría una gráfica en la que en la escala horizontal pondría los años, desde el 88 hasta el 09, y en la escala vertical pondría… la felicidad, los éxitos, lo querido que soy, etc… Seguramente yo ya sabría que es lo que él me iba a decir.

Casualmente, antes de llegar a mi reunión con él, me encuentro con tres ancianos en una sala de espera, con butacas rojas sobre un soporte metálico pintado de color negro. Me quedo algo inmóvil, ¿tanto miedo me daban antes los putos viejos? Esos tres ancianos no llevaban túnicas blancas ni eran ciegos videntes ni oráculos ni nada de eso. Eran viejos con jersey de lana, bastón, zapatillas de “estar por casa”, piel arrugada y demás complementos que se van uniendo a ti conforme cruzas los 70. No eran cultos, en absoluto, eran hombres casi analfabetos que nacieron al principio del pasado siglo. Ellos vieron toda una evolución en una tecnología que ellos no llegan a entender. Ellos vieron como las ciudades se envenenaban del ruido de los coches. Ellos vieron como los jóvenes tenían unos valores y un espíritu distinto cada década que pasaba. Ellos vivieron una guerra entre dos mismas estupideces.

De repente mis pantalones estan mojados. Pero no me he meado ni me he corrido por todo mi calzoncillo ni nada así, simplemente estoy empapado de sudor desde la cintura hasta los pies. Miro mi mano derecha. En la palma de ella está escrita la palabra “reflexión”. Cierro la mano y para cuando la vuelvo a abrir ya no hay nada escrito. Les miro, ellos sonríen. Ahora de una manera inconsciente lo veo todo claro y el simbolismo de este sueño se entiende a la perfección. Miro a mi muñeca izquierda y no hay reloj, pero la hora está dibujada con unas agujas de color azul de boli bic. Las no se que menos algo. Llego tarde a la reunión. Pero les veo sonrier a estos tres pre-moribundos y siento que nunca he hablado realmente con alguien así.

Empiezo a hacerles preguntas y ellos me contestan con algo de dificultad debido a no entenderlas bien. Me pregunto si cuando yo sea como uno de ellos entenderé a los chicos de 21 años. Al hacerles las preguntas entiendo las preocupaciones de todo esto. Veo mis miedos, mis intereses, mis objetivos y el producto de mis defectos. Siento curiosidad por la guerra. Les pregunto sobre ella y ellos no quieren hablar, parece que se ponen muy tristes, así que lo dejo… me deprime ver a ancianos llorando. Les pregunto sobre el amor, sobre las mujeres. Uno de ellos tan solo se besó una vez con una mujer, nunca hizo nada más con ninguna de ellas… siento pena por él. Otro estuvo toda la vida con la misma mujer. Y otro tuvo tres grandes amores en toda su vida, el primero a los 19, el segundo a los 34, el tercero a los 66.

El tiempo ya no se marca ni en una muñeca izquierda, todo es difuso y el blanco se mezcla con los otros colores… experimento un viaje en el que el lugar carece de importancia y el pensamiento es tan grande que anula a todo mi cuerpo.

Pasado un largo tiempo indeterminado, algo empieza a borrarse… el inconsciente se está masturbando en el retrete justo cuando entra su madre al baño. Ya deja de haber blanco. Deja de haber cualquier color. Noto algo en los ojos, ¿que ojos? Esos que están tan arriba quizá. Noto varias manos y un dolor de cabeza. Noto frío en el pecho. Noto un cuerpo cansado después de estar unas cuantas horas casi inmovil. Giro una cabeza, esta cabeza, mi cabeza. Veo un techo blanco muy oscuro. Veo una pared y unos muebles y unas sábanas. Giro otra vez mi cabeza, cansada de un día que aún no he empezado. Veo unos leds rojos. Las 7:18. Llego tarde al instituto.

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