Miro el reloj. Me pongo un gorro. Leo un libro. Hago una foto. Escribo con un bolígrafo de acciones obreras. Observo la torre eiffield en miniatura. Bebo agua. Me enciendo un cigarro. Hablo por teléfono. Me meto al ordenador. Apunto una nota. Me ato las zapatillas. Miro un cúter desde distintas posiciones. Miro la estatuilla de un elefante de la India. Me pregunto que será ese tarro con arena de distintos colores. Cojo un momento la hucha cutre que me dieron como premio en un concurso infantil de dibujos. Pongo el muñeco de un capullo rubio católico al lado de la estatuilla de una jotera vieja. Se me caen las llaves de casa. Pillo “chatarrilla” que llevo en la cartera. Rompo un poco de celo. Conecto el ambientador. Grabo un cd y lo pongo en una bobina. Veo Trainspotting. Cuelgo en el pomo de la puerta un cartel de “no molesten”. Juego al Grim Fandango. Dejo el móvil en su sillón. Abro y cierro las gafas. Releo a Holden Cauldfield. Lanzo al aire una moneda de Dinamarca. Como con vaso, cuchara, cuchillo y tenedor. Me pongo una pulsera. Miro dos fotos de mis padres. Leo un cómic. Cojo un caramelo de chocolate de las pasadas navidades. Observo las llaves del coche de mi hermano. Me encuentro un billete de 5 euros en un bolsillo. Bebo agua de la botella. Utilizo la tarjeta del bus. Saco de un estuche pequeño mi colgante con una “E”. Enchufo el cargador del móvil. Como rosquillas pequeñitas imitación de los Filipinos. Abro la caja que trajeron mis padres de Budapest. Corto con las tijeras. Miro un librillo con fotos de carné. Miro un barco en miniatura que gané en el bingo de un hotel a los 14 o 13 años. Empleo la calculadora para un problema de física. Miro una postal sin nada detrás. Me pongo el gorro amarillo de papa noel. Me hecho a la cama.
A veces me pregunto si tienen algún significado todos esos objetos que pasan por mi mano.
Escrito en cortometrajes, curiosidades, personal









